Mostrando entradas con la etiqueta luis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta luis. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El efecto Pigmalión

Hoy ha salido a la luz el último artículo de nuestro presidente, D. José Luis Freire, para el Boletín Mentes Siglo XXI sobre el efecto Pigmalión en la autoestima y en las capacidades de una persona superdotada.

domingo, 19 de junio de 2011

Entrevista a José Luis Freire en Peques y más

http://www.pequesymas.com/desarrollo-afectivo/jose-luis-freire-presidente-de-inteligencia-y-vida-la-alta-capacidad-es-el-potencial-que-una-persona-tiene-sobrepasando-en-mucho-a-la-media-de-la-poblacion


José Luis Freire, Presidente de Inteligencia y Vida: "la alta capacidad es el potencial que una persona tiene sobrepasando en mucho a la media de la población"

0
José Luis Freire
La Asociación Inteligencia y Vida tiene como objetivo impulsar la alta capacidad o la superdotación en cualquier edad y considerando la totalidad de las inteligencias. Además pretende servir de guía, ayuda y de espacio para compartir experiencias, conocimientos y dudas sobre las personas que tienen estas características.
La Asociación nace en el otoño de 2009. Su fundador principal, y presidente electo desde el pasado mes de enero 2011, es José Luis Freire, quien, como otros socios, procede de distintas organizaciones y que tras buscar alguna que diese una respuesta real a los problemas y necesidades, con una dimensión geográfica amplia, todo el territorio nacional, para poder llegar con el peso suficiente a las instituciones, estimó la necesidad de crearla.
En esta entrevista a José Luis Freire se van a presentar las características de la alta capacidad, cómo se detecta y qué hacer si los niños disponen de ella. La entrevista se va a hacer en dos partes para facilitar la lectura sobre un tema de alto interés y porque se facilita la difusión entre los lectores.
La Asociación es joven y de especial dificultad dada la escasa mentalización de lo que se ocupa, la cantidad de asociados, de actividades o de psicólogos implicados es aún pequeña, y más considerando el ambiente socio-económico de crisis en el que nació y se mueve. Dada la disparidad geográfica de sus asociados, no existe una sede social que funcione como tal, se basa en distintos foros de Internet y medios que ofrece.
A pesar de su corta historia se ha respondido a centenares de preguntas, especialmente de madres, a través de correo electrónico o teléfono, considerando que su interés es realizar una ayuda individual, sin olvidar en ningún momento la importancia social que debería de tener la alta capacidad y que no tiene.
Qué es la alta capacidad y cómo se puede detectar en los niños
es el potencial que una persona tiene sobrepasando en mucho a la media de la población y considerando la totalidad de las inteligencias
No resulta fácil dar una definición. Se suele considerar como toda inteligencia que sobrepasa de forma considerable a la media de la población, teniendo en cuenta el coeficiente intelectual y el valor 130. Pero esto es engañoso, entre otras cosas porque depende de las baterías que se utilicen en la medición, por lo tanto no se considera como inamovible ese valor, sino que se compara con un sistema de medición concreto que es el de Wechsler en el cual el 130 se corresponde con el percentil 98, es decir, que para hablar de alta capacidad hay que ser superior al 98% de la población.
En Inteligencia y Vida nos basamos en las baterías propias de Wechsler, en el caso de niños, a partir de los seis años, se utiliza el Wisc-IV. Pero aún estas, siendo las más completas, no estudian distintas capacidades o inteligencias, por lo que, entiendo que con buen criterio, la OMS indica que hay que evaluar con mayor amplitud, considerando aspectos que quedan al margen.
Si me permitís una definición personal y fuera de tecnicismos, definiría la alta capacidad como el potencial que una persona tiene sobrepasando en mucho a la media de la población y considerando la totalidad de las inteligencias. Por un acuerdo se barema y se mide como he indicado, pero es mero convenio.
De esa manera se evalúa en los niños, pero la detección es distinta a la medición, y dependiendo de los casos puede ser fácil o muy difícil. Ocurre por ejemplo con los hijos únicos pues los padres, que deberían ser los primeros en detectarlo, no suelen tener con qué comparar las distintas habilidades que se van percibiendo en el desarrollo y pueden no comprender lo que es “normal” y lo que no lo es. Aunque en casos sea más complicado que esto.
Cuántos niños tienen estas capacidades detectadas
La detección en España, como en casi todo el mundo, es paupérrima. Siempre se barajan cifras pero no utilizo ninguna cantidad que haya leído porque no me parece fiable. Si el propio Ministerio de Educación reconoce que, aproximadamente, el 95% de los niños con alta capacidad se desconoce que la tienen ¿con qué criterios se estiman? Podría suponerse que de cada 100 niños dos fuesen de estas características, pero intervienen muchos factores, como la detección precoz y las medidas oportunas de estímulo, la evolución que se produzca y otros muchos. Entiendo que es muy difícil de saber.
Qué tipo de ayuda tienen los padres para conocer qué hay que hacer con un niño de alta capacidad
Es un poco complejo responder al ámbito de todo el territorio nacional. Existen bastantes diferencias entre Comunidades Autónomas, aunque prefiero no mencionar a ninguna porque aún la mejor es muy pobre. Hay organizaciones privadas como nosotros, en algunos casos los centros de orientación, dependiendo también del profesional, pero a nivel de lo que sería conveniente, que es una implicación institucional, la ayuda es nula. Los padres tienen serios problemas, suelen preguntar a dónde acudir, en casos se nota que están angustiados y la repuesta que se puede dar, por lo común, es que no hay dónde.
Qué habilidades tienen los niños que disponen de alta capacidad. ¿Se puede confundir la alta capacidad con la precocidad o el talento?
En edad infantil añadiría otra que puede estar dentro de la manipulativa o perceptiva pero no se estudia con suficiente profundidad, que es la creativa
Tratándose de niños corresponde hablar de habilidades, como dices, pues utilizar términos como alta capacidad, y menos los tan sonoros como “superdotación”, dependiendo de las corrientes psicológicas, es un error. Comparto bastante ese punto de vista, en tanto no se alcance una edad adulta se debería hablar de potencial. Y como tal, un niño puede tener las mismas capacidades que un adulto, aunque normalmente se identifique a través, principalmente, de dos áreas: verbal y manipulativa. En la primera entra todo lo referente al lenguaje, comprensión, riqueza, asimilación de conceptos, escritura, etc. Y en la segunda intervienen otras habilidades de tipo motoras, visuales, sensoriales en general.
Pero en edad infantil añadiría otra que puede estar dentro de la manipulativa o perceptiva pero no se estudia con suficiente profundidad, que es la creativa, incidir en ella me resulta de suma importancia, puedo ser exagerado pero a mi entender es la habilidad que con mayor claridad denota el potencial del niño. Y en todas las edades, y por supuesto teniéndolas en consideración, aspectos importantes que se podrían agrupar dentro de las emocionales, de forma muy especial la interpersonal o social.
La precocidad es una evolución más alta de lo habitual en el desarrollo, no debe confundirse pero tampoco marginarse. El considerar a un niño como precoz debería de ser el primer toque de atención a tener en cuenta como probabilidad de un alto potencial, pero una cosa no conlleva necesariamente a la otra, se puede evolucionar con mayor rapidez en un periodo e ir reduciendo de forma paulatina. Y también se debe de tener en cuenta, aunque sea menos frecuente, que un niño puede no dar muestra alguna de distintas habilidades, seguramente porque las interioriza, y sorprender de repente con una explosión inusitada demostrando una edad mental muy superior a la cronológica. Por lo tanto si hay confusión, es errónea. No se da una relación inequívoca.
Sobre el talento hay tal cantidad de controversia que resulta difícil. Para que no falte nada en el debate entre los expertos, no se ponen de acuerdo ni qué tipo de habilidades podrían considerarse como talentos especiales. Pero sí hay una cuestión que no creo que sea discutible, el talento y la alta capacidad no se asemeja porque una persona talentosa lo es en una habilidad o inteligencia concreta, pudiendo llegar a niveles altísimos en ella, pero si no hay similar desarrollo en el resto de sus inteligencias, no hay alta capacidad.
La segunda parte de la entrevista se publicará mañana.


martes, 14 de junio de 2011

Entrevista realizada a José Luis Freire en Guía Infantil



SUPERDOTADOS: ENTREVISTA A JOSÉ LUIS FREIRE

La realidad de los niños superdotados

Inteligencia





Actualmente en España muchas familias se enfrentan a la falta de orientación y del correcto estímulo para desarrollar el potencial intelectual de sus hijos superdotados. GuiaInfantil.com entrevista a D. José Luis Freire, presidente de la "Asociación Inteligencia y Vida", de reciente creación, dirigida a personas con altas capacidades intelectuales y que busca fomentar la alta inteligencia de manera que este potencial sea aprovechado y reconocido, en lugar de ser desperdiciado.
1- ¿Qué señales pueden indicar que un niño pequeño sea superdotado? En niños de pocos meses, son típicas las habilidades en el movimiento, manipulación de objetos y atención en las imágenes o detalles. Antes del año, precocidad en el habla, pronunciar alguna palabra como "papá" y "mamá" de forma clara pudiendo llegar a frases sencillas, así como el comienzo de andar sin sujeción. Con 18 meses pueden distinguir letras y números no complejos. A los dos años tienen capacidad de memorización de cuentos o lecturas que les lean, habilidades con formas incluso irregulares, pudiéndose apreciar un comienzo de creatividad y concentración con una evolución muy rápida. A partir de los 3 años es más complicado, con posibilidad de señales equívocas por que la inteligencia se desarrolla y tiene dependencia de los estímulos externos. En estas edades es un signo diferenciador la riqueza de expresiones y la fluidez en el habla.
2- Algunos estudios revelan que del 3 al 5 por ciento de los niños son superdotados. ¿Qué tipo de asistencia y de cuidados básicos necesitan estos niños? Me parece un porcentaje exagerado, habría que distinguir entre niños talentosos y superdotados. Pero las mismas medidas son válidas para ambos. Tratándose de niños lo primero es la familia, es de donde proceden y donde trascurren más tiempo. Es necesaria la estimulación a base de juegos de habilidad y creatividad para los más pequeños, y cuando comienzan el colegio que es la gran separación, es muy conveniente la evaluación por especialistas profesionales. Hay que recordar que con independencia de las capacidades cognitivas se deben iniciar en el desarrollo de otras inteligencias, potenciar la sociabilización, la empatía y las emociones en general. Típicamente un niño superdotado tenderá a pasar más tiempo con adultos o compañeros de más edad, lo que no es positivo, especialmente cuando en lugar de ser expansivo como es típico, tiende a la introversión. Es frecuente el riesgo de una interpretación errónea, porque pueden aparentar rasgos de comportamiento que no se corresponden con la alta capacidad, es muy importante considerarlo, normalmente se debe a una interiorización de las experiencias que reciben, pudiendo exteriorizarse con cambios radicales en cualquier momento.
3- ¿Qué hace falta a los padres y a los educadores para identificar y potenciar a un niño superdotado? Ocurre que hablando de niños tienen tal velocidad de aprendizaje y maduración que las edades cuentan mucho. Son esponjas de todo lo que les rodea. En general la precocidad en todos los sentidos es un indicio, pero no una conclusión. A partir de los 2 o 3 años deben buscar la ayuda de profesionales que les puedan orientar en el trato de cada niño en concreto y de las actividades a seguir. Los padres tienen un papel fundamental, sus hijos requerirán más tiempo de lo que es normal, la necesidad de aprendizaje suele ser exagerada y tanto en el ambiente familiar como en el escolar serán niños inquietos, que no hay que confundir con hiperactivos, y requerirán una atención que es necesario prestarles. Es un gran error de los educadores la dinámica de volcarse en quienes tienen un déficit, como suele ocurrir, y no en un niño superdotado cuando es muy sensible a la marginación, se debe hacer un esfuerzo integrador de todas las capacidades.
4- En su opinión ¿Los niños superdotados deberían estudiar separados de los demás niños o es más recomendable darles un tratamiento especial, pero dentro de la misma escuela? En mi opinión es un error separarles, un niño superdotado tiene que ser consciente de que lo es pero no por ello sentirse diferente a sus compañeros. Es un concepto que tienen que asumir. Sería lo ideal un trabajo conjunto entre padres, educadores y psicopedagogos de los centros, con entrevistas frecuentes para estudiar la evolución, pero no hacer que se sientan diferentes, al contrario, hay que potenciar la integración. Lo que resulta obvio es que precisan centros con la suficiente preparación, pero no aislados del resto. En casos podría ser positivo el desarrollo de actividades con otros niños de características similares, como lo típico de campamentos de verano, y aún así es matizable.
5-¿A qué problemas puede enfrentarse en su desarrollo integral como persona un niño ante la falta de atención de su desarrollo cognitivo? Innumerables. Lo normal es una frustración constante, y es apreciable en las muchas personas que no han sido evaluadas en su momento. El desarrollo de la inteligencia es como el del cuerpo, una persona desde niño puede tener una capacidad enorme para determinados deportes, pero si se le mantiene alejado de ellos y sentado en una silla no los realiza, buena parte se atrofia, y lo que queda intuye que hay una diferencia que no es acorde con sus actividades. Pero insisto en que no solamente es en lo cognitivo, los tipos de inteligencia son muchos y es preciso considerarlo.
6- ¿Cree usted que actualmente en España existen las directrices adecuadas para tratar las altas capacidades de los niños superdotados? No, en absoluto, aunque sí hay diferencias dependiendo de las Comunidades Autonómicas. Pero sería necesario modificar una legislación de bases que no ayuda, ni siquiera, en mi opinión, sirve, pudiendo llegar a ser contraproducente porque lo único que se hace es subir un nivel o dos, algo que quizás sea útil para la normal desatención en clase por aburrimiento, pero se impone un control exhaustivo por los problemas de sociabilización que puede conllevar, "el pequeñajo", "el raro".
7- ¿Cuál es el objetivo fundamental de la asociación que preside y qué tratará de nuevo respecto a otras asociaciones existentes sobre este tema? Muy amplio aunque acabamos de nacer, la mayor parte de los socios procedemos de otras asociaciones. Pretendemos un objetivo doble utilizando preferentemente Internet mientras sea posible y, a través de foros, colaborar con los afiliados, padres, pedagogos, etc. Concretaría en el desarrollo integral de la persona, con la evaluación más temprana posible, para seguir el proceso desde la niñez, adolescencia y madurez, en cualquier edad, aunque en adultos ya podrían ser socios superando las pruebas Wechsler. En segundo lugar la implicación de la sociedad en la alta capacidad. Para ello contamos en este momento con 32 centros de psicología muy preparados, y estamos buscando la introducción en universidades, y seguiremos con empresas punteras para dar salida al potencial que supone la alta inteligencia.La diferencia con otras asociaciones es que no conocemos ninguna con nuestras perspectivas, las pocas que funcionan suelen tener carácter regional y basarse en la escuela y las inteligencias cognitivas. No es nuestro enfoque, precisamos un ámbito nacional, de potenciación de las múltiples inteligencias y con la convicción de que se "crece" en cualquier edad.
José Luis Freire, presidente de la Asociación Inteligencia y Vida

jueves, 5 de mayo de 2011

Niño tonto, niño listo.

Niño tonto, niño listo.

Parece ser que la Sra. Aguirre se mueve por un proceso simple de álgebra booleana. Tal vez, en su cariño por la tauromaquia, ha perdido el rumbo del toro y no sabe dónde están los cuernos y dónde el rabo, resultando difícil cogerle por donde corresponde con tanta confusión.

Ahora nos ofrece una enconada disyuntiva disfrazada de experiencia piloto. Pero para quienes hace muchos años dejamos atrás la inocencia nos cuesta discernir la diferencia entre esos términos y los de globo sonda. Ha encontrado que los vientos no le son contrarios y al parecer pretende pasar a la historia como defensora de la magnificencia educativa, con un pobre plagio de lo que es un hecho en la Comunidad de Murcia, sobre la que nada tengo que decir pues ignoro todo.

Después de bastantes años de formar parte en asociaciones de altas capacidades intelectivas, de presidir en estos momentos una de ellas, Inteligencia y Vida, de responder desde la misma a decenas y quizás centenas de consultas parentales, como poco me apenan este tipo de planteamientos. Por supuesto que pueden ser socialmente bien vistos, pero tan sólo porque todos somos socialmente analfabetos, anclados en un retraso de 10 lustros.

La creación de colegios especiales con la consideración de un currículo aceptable, e incluso notable, me parece una enorme estupidez. Por supuesto desde un enfoque puramente subjetivo y no asociacionista. Y pasaré por alto muchos motivos, pero intento hacer un esbozo.

-    La consideración de colegios de enseñanza especial lo que crea son desigualdades. Y existen, nadie lo pone en duda, pero hay que preguntarse el motivo, no quién se beneficia o perjudica como ocurre en éste caso.
-    La discriminación de unos a favor de otros, por mal que suene, podría ser justificable cuando las bases de una educación de calidad sean sólidas, no cuando naufragamos en la cola de Europa por una paupérrima legislación, por cierto transferida a las CCAA y como tal imputable a éstas.
-    Es imposible la creación de centros especiales en un terreno de igualdad pues los  medios de los centros privados y públicos es muy diferente, al menos en Madrid, y leyendo entre líneas lo que nos dice Dª Esperanza es que mejor la privada, les interesa mostrar una calidad especial para justificarse y los, aparentemente, mediocres son marginados, cuando no directamente expulsados, y créanme que lo he vivido.
-    Sin una ley marco, sin un desarrollo autonómico que apoye y beneficie socialmente en lugar del boicot sistemático en que nos encontramos, la bondad académica de un niño o un joven no se evalúa por sus resultados. De ser así quienes poseen una alta inteligencia, que conlleva en estos momentos la tasa de fracaso escolar más elevada de todos los colectivos, pasan a nutrir el gueto de los tontos (según lo que parece que son las apreciaciones de la querida condesa).
-    No existen en este país, y en casi ninguno, iniciativas institucionales para potenciar la enorme riqueza de la inteligencia, las asociaciones que nos dedicamos a ello estamos arrinconadas en el ostracismo y la indiferencia social. Y no conozco ninguna de relieve que haya sido consultada previamente a tomar estas medidas. Tal vez soy injusto y la iniciativa esté apoyada por alguna asociación internacional de tan ampuloso nombre como carencia en general de talento.
-    Si me ubico en una situación que permita pensar en un planteamiento lógico de la “experiencia”, lo que no es real, me pregunto qué ocurre una vez la etapa escolar haya concluido ¿Crearán estudios superiores especiales? Porque si la paupérrima educación escolar es notoria, las universidades no brillan especialmente por la preparación y por una enseñanza o especialización que las identifique como garantía de un futuro brillante. Reconociendo mi enorme incultura, nunca he oído ni leído que se produzca una asistencia mayoritaria a la A, B o C por la magnificencia de la preparación con que se licencian, garantía de una formación tan necesaria para el país.
-    Al parecer los docentes de esos “súper centros” del saber estarán garantizados por ¿qué? ¿una comisión con qué garantías? Seré el asno de las orejeras, pero no lo veo.
-    Por encima de cualquier consideración. Una alta calificación está sujeta a muchos factores, pero para mí lo principal es que no es en absoluto significativa de la capacidad del alumnado. Los niños y jóvenes de una inteligencia superior siguen siendo desdeñados con siglas como TDA o TDH, los especialistas en “superdotación” (para que nos entendamos) son muy pocos, mucho menos de los que se venden como tal, y por supuesto no tienen nada que ver con la realidad del profesorado, que salvo puntuales y honrosas excepciones, no han sabido apreciar a un alumno con alta inteligencia en toda su carrera. Penosamente la inteligencia vuelve a ser ignorada y marginada, cuando lo que corresponde por pura lógica y beneficio nacional, además de individual, es la potenciación de sus capacidades.

Sra. Aguirre, no nos regale más jamones que las casas están llenas. Si no existe una política educativa adecuada no pueden existir colegios de élite… sin saber claramente a qué tipo de élite nos referimos, y aún en caso contrario sería muy discutible.

Pretende seguir el modelo EEUU pasando por alto la totalidad de las premisas que la legislación de los Estados plantean a nivel educativo. En todo el mundo, y en España de forma muy palpable, las calificaciones infantiles dependen generalmente de los padres y su formación y de los colegios que puedan pagar, muy por encima de las cualidades de cada uno y de su potencial. Pasando por alto que los centros a impartir esas enseñanzas no pueden ser los públicos, carentes de medios, serán los privados.

Sería duro, pero honrado, reconocer que los niños con altas capacidades, los verdaderamente inteligentes, no le interesan, suelen ser problemáticos, no es buena idea para usted.

José Luis Freire

martes, 3 de mayo de 2011

Alta capacidad y educación

Publicado el día 1 de octubre de 2010


Alta capacidad y educación
Un aspecto común de gran parte de los seres vivos  y, por supuesto, del hombre es la curiosidad. Nuestra evolución como especie la mantiene y convierte en un proceso de aprendizaje. Los humanos tenemos la necesidad de aprender pero, como es obvio, sólo nos interesa aquello que nos resulta conocido por el motivo que sea; lo restante, simplemente, no existe.
Al llegar al mundo los conocimientos heredados son inmensos pero tenemos la necesidad de investigar nuestro entorno  lo que nos resulta conocido o al alcance de la vista. Ocurre con todos los niños, se encuentra en nuestros genes, y, a falta de herramientas que se desarrollarán en pocos años, los sentidos son la base de la investigación. Dependiendo de la fase en que se encuentren darán mayor importancia a unos u otros por ello comenzarán con el sentido del gusto o la utilización de la boca con tendencia a introducir lo que puedan alcanzar. Igualmente investigarán con el tacto aún sin tener un concepto sobre la lejanía como ocurre cuando si, con pocos meses,l un niño observa la luna;  se sentirá atraído y alzará la mano en un intento por alcanzar lo que ve.
El proceso de aprendizaje evolucionará hacia técnicas más sofisticadas pero no de igual forma en todos los niños: en algunos el ansia de investigar es mucho mayor; requieren conocer todo, tocarlo, entenderlo, y cuando su capacidad se amplíe preguntarán con una insistencia desmesurada. En este contexto se enmarcan los niños precoces, quienes, normalmente, tendrán un proceso de asimilación más rápido. Lo que es un factor muy a tener en cuenta por sus padres pero sin buscar conclusiones o etiquetas dado que la evolución puede alterar sustancialmente sus características.
Entre los cuatro y cinco años se entiende que su mapa cerebral está construido y maduro en un 50%. Teniendo en cuenta que los humanos nacemos de forma prematura comparados con otras especies, por necesidades del desarrollo del cerebro, la velocidad con que la mente madura resulta asombrosa. Es precisa una observación parental minuciosa cuando se dan muestras claras de precocidad en cualquier terreno o en el conjunto de todos ellos. Y en la edad indicada ya se puede saber, con bastante exactitud, cuál es el desarrollo intelectual del niño por mucho que algunos expertos en la materia lo consideren prematuro.
Intentando recordar las palabras de un investigador italiano cuyo nombre tampoco alcanzo a rememorar: desde los 0 hasta los 12 meses el especialista que corresponde es el pediatra, y a partir de esa edad sería el geriatra. Evidentemente es una enorme exageración, pero denota la importancia y los tremendos cambios que se realizan en la mente infantil en cortos espacios de tiempo por lo que los padres deben de permanecer alerta en cuanto perciban que se producen alteraciones en el comportamiento del hijo que reflejen un avance superior al que corresponde según la edad cronológica. No siempre es fácil, especialmente si se trata del hijo mayor o único, dado que dificulta la comparación con otros niños pero es algo que se solventa con cualquier manual de comportamiento infantil y hay muchos en el mercado.
Cuando comienza la edad escolar las fronteras de investigación se abren de par en par: deja de encontrarse constreñido por el hogar para abrirse a un nuevo mundo de experiencias.
Lo deseable sería que ya en ese momento los padres tuviesen una certeza, si es que se han dado características de precocidad, sobre el potencial del niño. La alta capacidad (A.C.) o superdotación, de existir, debe conocerse y, siempre que sea posible, buscar el colegio idóneo. No es fácil;  son pocos los que se implican en un tema que les proporciona un trabajo extra y, por otra parte, buen número de los psicólogos o psicopedagogos de los centros escolares carecen de una preparación suficiente puesto que no es algo que se estudie en las universidades salvo que hayan modificado sus planes porque, antes o después, no quedará más remedio que incorporarlos. Por ello, en Inteligencia y Vida tenemos un triple objetivo dirigido, por una parte, a estos profesionales;  por otra parte, a los docentes y, por supuesto, a los padres. En especial los primeros conocen sobradamente lo que es un déficit de atención o la problemática de hiperactividad y resulta bastante común el error de introducir en estos colectivos a alumnos de A.C.

Padres y escuela
Uno de los principales factores que cualquier especialista va a considerar es la riqueza del lenguaje teniendo en cuenta la edad del niño. Pero es lógico pensar que en gran parte va a depender del estatus cultural en el que se desarrolle, es decir, la formación parental. Si ubicamos a un sujeto, por alto que sea su grado de inteligencia, en el contexto de una familia con un nivel cultural mínimo, nos encontraremos con un diálogo que será completamente distinto al que se ubique en un hábitat culto.
Se trata de adaptar, en el seno familiar, el tono de comunicación a los requerimientos del niño. Más aún, desde que se inicia el aprendizaje del habla, la utilización de términos inexistentes solo sirve para crear defectos a corregir:  un perro es un perro, no un “gua guau”, y de la misma forma la excesiva utilización de diminutivos. Sin comunicación no existe la enseñanza por lo que es de esperar que cuando se produzca la introducción en el ámbito escolar el alumno sepa comprender lo que el profesor dice y éste sabrá utilizar un lenguaje acorde con la edad.
Pero es más: la A.C. no lo es tan sólo en el desarrollo cognitivo; intervienen una alta gama de inteligencias siendo, probablemente, la emocional una de las que tengan mayor importancia. Por lo que el proceso de comunicación no es tan sólo un intercambio de conocimientos, sino de emociones y sensaciones, lo que resulta mucho más complejo. Tal vez hay que hacer notar que el proceso comunicativo no reside tan sólo en un contexto oral en el sentido fonológico sino que va más allá e implica la entonación, gesticulación, etc.
Si un niño entra en la escuela con una alta habilidad, en este contexto, tendrá muchas más posibilidades de éxito.
Y de la misma forma podríamos pensar en muchos factores. Si los libros son un elemento extraño porque en su ámbito familiar no existen, si nunca ha visto que la lectura de un cuento pueda resultarle atrayente, si no percibe en su ambiente el disfrute relajado de la literatura por las personas a las que busca imitar, será muy poco proclive a la utilización de unos elementos que le son desconocidos.
Por lo tanto, la preparación que reciba de su entorno familiar puede determinar una adaptación rápida al ambiente escolar o ser, por el contrario, traumática.
En niños con una A.C., desde el mismo momento en que se introduzcan en el colegio, debe de existir una dinámica continuada de intercambio de información entre éste y los padres. Pero para ello es necesaria una detección previa, lo que normalmente no ocurre, siendo necesario que se produzca en el colegio. Implica una preparación en el profesorado que. normalmente, no existe. Cuando el centro involucra a los padres en un sentido positivo es cuando el hijo destaca por una alta habilidad, y en sentido negativo cuando lo hace por ser considerado problemático. Pero, tanto en un caso como en el otro,  lo que puede subyacer es una elevada inteligencia. En el primero se vería compensada por la adaptación al medio aunque su posterior desarrollo pueda ser muy distinto. En el segundo es típico el aburrimiento y la dejadez por falta de estímulos, aunque es algo sobradamente conocido.

Docentes y capacidad infantil
La figura del profesor es fundamental; dentro de su contexto puede representar la del padre o de la madre. Pero los roles no son los mismos, el papel de formación dentro de un aula no puede abarcar lo que la familia es capaz de dar y es un éxito del profesorado ganarse a un niño de A.C. que puede ser reacio o díscolo.
Y, con todo,  es necesario. La conducta de una persona no se puede concebir sin tener en cuenta los conocimientos que posee pero no nos encontramos en las escuelas de hace muchas décadas. Los procedimientos se han modificado porque los fines no pueden ser los mismos. No se trata de imbuir datos en el cerebro infantil.
La labor pedagógica es mucho más amplia como lo deben de ser las legislaciones que establecen los estudios a impartir. Tanto el sistema de enseñanza como las materias a considerar deben dirigirse a la consecución de hacer fluir de la mente del alumno sus capacidades, habilidades, hábitos, que sirvan de una manera constructiva, esto es, que enseñen a pensar tras un proceso de creatividad que en parte es la base de la madurez de la persona y, como consecuencia, lograr otro de los puntales del equilibrio, como es la satisfacción, el gusto por la realización de actividades con un resultado transformador y no involucionista.
El papel docente es sin duda apasionante cuando lo que se quiere conseguir es la formación de individuos sanos, con capacidad de razonar, y , en ese ambiente,  un niño con A.C. puede sentirse perfectamente integrado.
Pero no podemos dejarnos llevar por lo idílico. En un aula conviven niños muy dispares, con distintas necesidades y habilidades, cada uno con una capacidad y es en ese contexto en el que la alta inteligencia tiende a revelarse. Lo puede hacer muy temprano o más tarde, pero lo normal es que aparezca. Hay que tener en cuenta que a los 12 o 13 años el cerebro es maduro prácticamente al 100%, por lo que, incluso antes, se pueden producir una serie de transformaciones en el comportamiento que choquen con cualquier tendencia de adaptación. En esos momentos la palabra clave es motivación, pero es infinitamente más simple escribirla que llevarla a la práctica y la implicación debe de ser conjunta entre el profesorado y el ámbito familiar de forma que ni las clases supongan un tedio absoluto y repetitivo ni los trabajos caseros un castigo a cumplir.
Por parte del primero sería deseable utilizar elementos diferenciadores  capaces de generar un reto sin que ello signifique una separación, en el proceso de aprendizaje, de los restantes compañeros, como cuadernos especiales con tareas que profundicen más allá de lo que los demás pueden precisar.
En cuanto a los padres, han de llevar a cabo, desde que se comienzan los trabajos escolares, una disciplina que, sin caer en el radicalismo, sea estimulante, con periodos de ocio previo, para que no agobie, y posteriores,  sirvan como aliciente para concluir lo que corresponda realizar a modo de obligación.

Últimas reflexiones
La función psicopedagógica, que apenas se ha mencionado, es muy importante. Sería deseable la obligatoriedad de los profesionales en el conocimiento de las A.C. y el comportamiento ante las mismas, de forma que puedan servir de orientación al profesorado y de seguimiento de estos alumnos. Algo que se realiza en los déficits intelectuales pero no en los superávits al menos no de forma generalizada.
Y por último una opinión de lo que en España parece la panacea a conquistar cuando en realidad es una medida más que discutible, y me refiero a la promoción de cursos. En primer lugar es un sistema por el que se “premia” a los buenos estudiantes con inteligencia alta dejando al margen a otros de las mismas características cuya trayectoria es distinta y podría serles igualmente de utilidad.
Se intenta equiparar los estudios que se realizan con la edad mental del alumno en lugar de la cronológica y, si en un principio puede parecer óptimo, sería deseable que se considerasen el cúmulo de las inteligencias y no exclusivamente las cognitivas. Un niño puede estar perfectamente adaptado a la clase y a sus amigos y no merece que le extraigan de su contexto para introducirle en otro que le resulta extraño. Y no solamente le supondría un desarraigo duro, sino que podría perfectamente no ser aceptado por los nuevos compañeros, las diferencias en edades tempranas son notorias, y el ser adjetivado de empollón - o similares de carácter despectivo - tal vez fuese lo suficientemente importante para causarle un rechazo o poner en una coyuntura difícil a su inteligencia emocional, por supuesto, inmadura.
En cualquier caso la enorme cantidad de niños de elevada inteligencia que pasan por las aulas es muy grande, como es lógico, y sería interesante una encuesta entre el profesorado que indicase cuántos de ellos han encontrado en el ejercicio de su profesión. Con casi completa seguridad serían muy pocos, han pasado por delante o bien desapercibidos o, lo que es peor, tachados de problemáticos y en buena medida marginados; no en vano se supone que puede haber un 60% de los niños con A.C. condenados al fracaso escolar. Realmente es un ejemplo de lo que supone un error social y una condena a la legislación educacional, que de por sí ya naufraga en muchas aguas.

José Luis Freire
Asociación Inteligencia y Vida